
En conjunto se lee menos, y la lectura dista de ocupar el sitio real y mitológico de otro tiempo, donde las resonancias de los libros eran inmensas, así sólo la minoría leyera de modo regular. No se dispone de un sistema de información bibliográfica que oriente y ahorre esfuerzos; disminuye, por razones de la cultura de masas, el valor atribuido a la lectura; no procede, con la rapidez debida, la actualización tecnológica, y así sucesivamente.
¿Cómo afecta la globalización los procesos de lectura?
Las industrias culturales de Norteamérica imponen dos grandes zonas del consumo: los bestsellers y la literatura de autoayuda o superación personal.
Internet obliga a un mucho mayor ejercicio de la lectura, así sea fragmentaria y opuesta a las prácticas antiguas de concentración, y también distribuye un cúmulo informativo desconocido y abrumador.
El universo de la imagen, la iconosfera, desplaza en la vida colectiva al universo del libro.
La lectura es el ingreso a la racionalidad, la fantasía, la grandeza de los idiomas, el don de extraer universos de la combinación de las palabras. Se pueden multiplicar las ofertas y el acceso a los libros, pero los grandes lectores, los lectores profesionales, por así decirlo, seguirán siendo minoría. Por lo demás, se modifica el acercamiento a la lectura. La cultura fílmica es hoy otra ruta formativa y lo visual se propone como la vía mayoritaria. Sin embargo, nada remplaza ni puede remplazar a la lectura en lo tocante a la comprensión de la historia, la sociedad y los seres humanos, a la estructuración lógica del conocimiento y al simple hecho de la comunicación inteligible
Si uno al leer no es otro y no es otros, no es nadie. La ventaja de frecuentar lo impreso no consiste en la superioridad sobre los demás (imposible de obtener por un mero ejercicio óptico), sino en el cambio interno; en la certeza de que uno ha sido mejor que de costumbre mientras lee, y volverá a remontar algunas de sus limitaciones cuando recuerde lo leído.
A los políticos, los mercadólogos (los nuevos poderes tras el trono) y los asesores de imagen (el nuevo trono) les aconsejan: “Hablen como la gente de la calle”, como si pudiesen hablar de otra manera. Por lo común, la secularización de las sociedades los obliga a retroceder, pero jamás desisten. Resultan un tanto desalentadoras las campañas gubernamentales “en favor de la lectura”. El alejamiento orgánico de la lectura de parte de la clase gobernante ha tenido, entre otros, un costo: la ausencia de medidas de protección.
Educación y lectura
En América Latina en relación con otros países es aún insuficiente el número de inscritos en la enseñanza superior. ¿De qué se habla cuando se anuncia la “catástrofe educativa”?: La incapacidad de las escuelas públicas y privadas de actualizar los métodos de enseñanza, la distorsión de las dificultades de la literatura. “No entiendo poesía, se me hace muy difícil”. La identificación entre lectura y compromisos de adquisición del título universitario. La deserción sistemática de los obligados a trabajar o a buscar empleo; el crecimiento de la población escolar y la disminución constante de recursos del Estado en el caso de escuelas públicas. En la educación pública la burocracia se expande, son lamentables los salarios de los profesores, las instalaciones son ruinosas y los planes de estudios se improvisan cada tres años.
De la lectura como privilegio óptico
En cualquier sociedad sólo una minoría lee, y su proporción jamás crece al ritmo exacto de la demografía. Lo usual es el consumo de unos cuantos libros (por lo común entendido como cumplimiento de tareas de clase) y abundan las copias xerox.
Y el fenómeno se agrava con la inexistencia de un sistema de bibliotecas digno de tal nombre. Pero en América Latina nunca se le ha reconocido provecho alguno al acto de leer, calificado de “obsesión de grupos”; Leer “está bien” si se viaja en avión, si se está enfermo, si se convalece o si se requieren temas de sobremesa. Hasta allí. Y con esto pierde la sociedad, al abandonar una de sus ventajas primordiales: la lectura como estructura personal del conocimiento. El que no lee se acerca a las ideas con miedo, rechazo previo, encono o veneración parroquial; el que lee puede hacer eso mismo, pero es menor el número de probabilidades.
Y no se impulsa la lectura desde las instituciones educativas, ya que, en el fondo, no creen posible animar a los estudiantes a hacer lo que los funcionarios desdeñan. El analfabetismo funcional es sin duda la relación dominante con la lectura. Hay una impresión dominante: leer es dejar de ver lo interesante, leer es renunciar al ejercicio de la vista.
La literatura del self help o de autoayuda pertenece al territorio de las generaciones, ya sin el menor sentido de culpa respecto a sus deberes hacia los libros. La lectura de los alejados de los libros leen en rigor además de lo evidente (cómics, periódicos deportivos, libros de superación personal, textos religiosos, divulgaciones de historia nacional e internacional, manuales de la especialidad), leen a través de los diálogos del cine y la televisión), de los mensajes, de la publicidad, del habla de los cómicos televisivos.
Del Mercado del Libro
En 1992, Jaime Labastida, director de Siglo XXI, fue categórico: “Lo que hace falta no son campañas de promoción de la lectura, ni que los libros tengan mejores precios, ni tampoco que existan más bibliotecas y librerías. No necesitamos este tipo de estímulos porque los estímulos son mentales. Cuando hay verdadero interés, la actividad de la lectura se desarrolla por sí misma”.
Los “estímulos mentales”, surgen de factores muy variados: las tradiciones de familia y comunidad, la vida estudiantil, las redes amistosas, las modas, las tendencias místicas y paramísticas, los deseos de superación, los descubrimientos personales. Los métodos de acercamiento al libro distan de haberse agotado, entre otras cosas porque nunca se han intentado de manera rigurosa y sistemática.
Octavio Paz declaró: “… Y no lee porque no se ha inculcado en los hogares, ni en las escuelas, el amor a la lectura…”. La descripción de Paz no es justa. Las campañas de alfabetización han sido importantísimas y el desbordamiento de la enseñanza media y superior ha disminuido el antiintelectualismo en la sociedad. El libro ha llegado errática pero significativamente a sectores que antes lo ignoraban, que si se inhiben ante los precios es por la ausencia del hábito social que considere productivo el gasto económico en un objeto de conocimiento.
¿Cuántos lectores quedan?
Algunas de las causas son:
El peso, tan señalado, de las rutinas televisivas. El morbo sí es pasión genuina de los lectores y los divulgadores de lo leído a medias.
Se busca complacer de modo primordial al "lector real o posible", superficial en extremo, descuidado, atravesado por el rencor social, que satisface sus demandas noticiosas al revisar las cabezas de los periódicos.
Las dificultades adquisitivas se acrecientan. La lectura se encarece y se “privatiza”, y el problema se acentúa por la escasez de bibliotecas públicas.
La desconfianza casi instintiva ante lo afirmado en diarios y revistas, lo que se complementa con la credulidad casi instintiva ante los frutos del sensacionalismo.
¿Cómo afecta la globalización los procesos de lectura?
Las industrias culturales de Norteamérica imponen dos grandes zonas del consumo: los bestsellers y la literatura de autoayuda o superación personal.
Internet obliga a un mucho mayor ejercicio de la lectura, así sea fragmentaria y opuesta a las prácticas antiguas de concentración, y también distribuye un cúmulo informativo desconocido y abrumador.
El universo de la imagen, la iconosfera, desplaza en la vida colectiva al universo del libro.
La lectura es el ingreso a la racionalidad, la fantasía, la grandeza de los idiomas, el don de extraer universos de la combinación de las palabras. Se pueden multiplicar las ofertas y el acceso a los libros, pero los grandes lectores, los lectores profesionales, por así decirlo, seguirán siendo minoría. Por lo demás, se modifica el acercamiento a la lectura. La cultura fílmica es hoy otra ruta formativa y lo visual se propone como la vía mayoritaria. Sin embargo, nada remplaza ni puede remplazar a la lectura en lo tocante a la comprensión de la historia, la sociedad y los seres humanos, a la estructuración lógica del conocimiento y al simple hecho de la comunicación inteligible
Si uno al leer no es otro y no es otros, no es nadie. La ventaja de frecuentar lo impreso no consiste en la superioridad sobre los demás (imposible de obtener por un mero ejercicio óptico), sino en el cambio interno; en la certeza de que uno ha sido mejor que de costumbre mientras lee, y volverá a remontar algunas de sus limitaciones cuando recuerde lo leído.
A los políticos, los mercadólogos (los nuevos poderes tras el trono) y los asesores de imagen (el nuevo trono) les aconsejan: “Hablen como la gente de la calle”, como si pudiesen hablar de otra manera. Por lo común, la secularización de las sociedades los obliga a retroceder, pero jamás desisten. Resultan un tanto desalentadoras las campañas gubernamentales “en favor de la lectura”. El alejamiento orgánico de la lectura de parte de la clase gobernante ha tenido, entre otros, un costo: la ausencia de medidas de protección.
Educación y lectura
En América Latina en relación con otros países es aún insuficiente el número de inscritos en la enseñanza superior. ¿De qué se habla cuando se anuncia la “catástrofe educativa”?: La incapacidad de las escuelas públicas y privadas de actualizar los métodos de enseñanza, la distorsión de las dificultades de la literatura. “No entiendo poesía, se me hace muy difícil”. La identificación entre lectura y compromisos de adquisición del título universitario. La deserción sistemática de los obligados a trabajar o a buscar empleo; el crecimiento de la población escolar y la disminución constante de recursos del Estado en el caso de escuelas públicas. En la educación pública la burocracia se expande, son lamentables los salarios de los profesores, las instalaciones son ruinosas y los planes de estudios se improvisan cada tres años.
De la lectura como privilegio óptico
En cualquier sociedad sólo una minoría lee, y su proporción jamás crece al ritmo exacto de la demografía. Lo usual es el consumo de unos cuantos libros (por lo común entendido como cumplimiento de tareas de clase) y abundan las copias xerox.
Y el fenómeno se agrava con la inexistencia de un sistema de bibliotecas digno de tal nombre. Pero en América Latina nunca se le ha reconocido provecho alguno al acto de leer, calificado de “obsesión de grupos”; Leer “está bien” si se viaja en avión, si se está enfermo, si se convalece o si se requieren temas de sobremesa. Hasta allí. Y con esto pierde la sociedad, al abandonar una de sus ventajas primordiales: la lectura como estructura personal del conocimiento. El que no lee se acerca a las ideas con miedo, rechazo previo, encono o veneración parroquial; el que lee puede hacer eso mismo, pero es menor el número de probabilidades.
Y no se impulsa la lectura desde las instituciones educativas, ya que, en el fondo, no creen posible animar a los estudiantes a hacer lo que los funcionarios desdeñan. El analfabetismo funcional es sin duda la relación dominante con la lectura. Hay una impresión dominante: leer es dejar de ver lo interesante, leer es renunciar al ejercicio de la vista.
La literatura del self help o de autoayuda pertenece al territorio de las generaciones, ya sin el menor sentido de culpa respecto a sus deberes hacia los libros. La lectura de los alejados de los libros leen en rigor además de lo evidente (cómics, periódicos deportivos, libros de superación personal, textos religiosos, divulgaciones de historia nacional e internacional, manuales de la especialidad), leen a través de los diálogos del cine y la televisión), de los mensajes, de la publicidad, del habla de los cómicos televisivos.
Del Mercado del Libro
En 1992, Jaime Labastida, director de Siglo XXI, fue categórico: “Lo que hace falta no son campañas de promoción de la lectura, ni que los libros tengan mejores precios, ni tampoco que existan más bibliotecas y librerías. No necesitamos este tipo de estímulos porque los estímulos son mentales. Cuando hay verdadero interés, la actividad de la lectura se desarrolla por sí misma”.
Los “estímulos mentales”, surgen de factores muy variados: las tradiciones de familia y comunidad, la vida estudiantil, las redes amistosas, las modas, las tendencias místicas y paramísticas, los deseos de superación, los descubrimientos personales. Los métodos de acercamiento al libro distan de haberse agotado, entre otras cosas porque nunca se han intentado de manera rigurosa y sistemática.
Octavio Paz declaró: “… Y no lee porque no se ha inculcado en los hogares, ni en las escuelas, el amor a la lectura…”. La descripción de Paz no es justa. Las campañas de alfabetización han sido importantísimas y el desbordamiento de la enseñanza media y superior ha disminuido el antiintelectualismo en la sociedad. El libro ha llegado errática pero significativamente a sectores que antes lo ignoraban, que si se inhiben ante los precios es por la ausencia del hábito social que considere productivo el gasto económico en un objeto de conocimiento.
¿Cuántos lectores quedan?
Algunas de las causas son:
El peso, tan señalado, de las rutinas televisivas. El morbo sí es pasión genuina de los lectores y los divulgadores de lo leído a medias.
Se busca complacer de modo primordial al "lector real o posible", superficial en extremo, descuidado, atravesado por el rencor social, que satisface sus demandas noticiosas al revisar las cabezas de los periódicos.
Las dificultades adquisitivas se acrecientan. La lectura se encarece y se “privatiza”, y el problema se acentúa por la escasez de bibliotecas públicas.
La desconfianza casi instintiva ante lo afirmado en diarios y revistas, lo que se complementa con la credulidad casi instintiva ante los frutos del sensacionalismo.
Carlos Monsiváis: Elogio (innecesario) de los libros.
Ponencia presentada en el 6º. Congreso Nacional de Lectura, 2004.
Fundalectura, Colombia.
Bien, pero recuerda que es importante dar la información, pero también citar la fuente. Esa declaración de Labastida es más reciente, chécalo y pon la referencia. Lo mismo en el caso de Octavio Paz.
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