jueves, 10 de marzo de 2011

Correctores de estilo. Camilo Ayala Ochoa/ Alejandro Zenker




El trabajo de un corrector de estilo es callado y por supuesto, su nombre no luce ni en las páginas legales, ni en los colofones. En el mercado editorial, lo común es que las editoriales paguen $25 por cuartilla corregida, auque esto varía dependiendo de la complejidad del escrito.

Generalmente, quienes cobran poco son personas improvisadas avaladas por una buena ortografía; y casi todos los correctores se desempeñan como tales en el lapso que les deja un trabajo que asegura un modesto salario.

La UNAM adolece de una pésima formación; deficiencia que es producto de un sistema educativo que tiene el sindicato de matearos como lastre. En los últimos años, la UNAM se ha preocupado por facilitar la obtención de titulo, porque aumente el número de matriculados, auque no suba el nivel académico, pero habría que pensar acerca de un programa de realfabetización para universitarios.

Muy pocos universitarios redactan con lógica y secuencia, Internet ha propiciado la hechura de trabajos con tijeras y engrudo, o se opta por el fúsil o incluso el refrito. Existen docentes que no se atreven a escribir e investigadores ilegibles a los que hay que reescribirles los textos. El corrector en esos casos es más un redactor.

La UNAM es una escuela de diseñadores, editores, redactores, aunque no exista la carrera como tal. Los correctores de estilo en la UNAM son sindicalizados y la plaza se gana por escalafón, concurso, antigüedad y puntaje otorgado en las labores políticas.

Hablando de manuales de estilo, la libertad de expresión y la libertad de cátedra son cuestiones que han impedido su implantación. El sello editorial universitario es uniforme en cuanto al rigor de su presentación y la atención a las obligaciones jurídico-administrativas de la edición, pero no hay trabas en el lenguaje, los universitarios pueden decir lo que quieran y los correctores de estilo deben cuidar que esté bien dicho.

El mundo produce hoy tal cantidad de textos, que no alcanzan los correctores disponibles. El mundo necesita a los correctores pero no lo sabe, y vive cada vez más sin ellos y por otro lado, surgen más herramientas de corrección automática que, sin lugar a dudas, son deficientes. No sólo la labor del corrector de estilo se tiene que profesionalizar, sino la de toda la cadena involucrada en el quehacer editorial.




Camilo Ayala Ochoa, “Correctores de estilo”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.7-22, Alejandro Zenker, “Día del corrector, de cómo se puede vivir sin correctores, pero por qué siguen siendo imprescindibles”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.23-27.

1 comentario:

  1. Hola Abigail, justo uno de los puntos importantes en la industria editorial es la profesionalización. Dado que no tenemos una licenciatura en edición, muchos actores de la cadena del libro se forman en la práctica.
    Y no son "matearos", son maestros. Un punto importante del texto de Camilo: ¿se refiere al SNTE o al sindicato de la UNAM? Estas son cosas que un corrector debe precisar.
    Saludos, Juan José

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