miércoles, 2 de marzo de 2011

Letras, páginas y misterio: 32º Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería




Por Abigail Saucedo

Murallas de papel rodeando a decenas de individuos, letras de amor, depresión y esperanza fluyendo entre cada espacio vacío y una exquisita música de fondo confirmo qué lugar era aquel: El palacio de Minería presentando la 32º Feria Internacional del Libro.

Una larga fila a la entrada permitía reconocer el primer sitio a donde se tenía que acudir, en el letrero se observaba la palabra “taquilla”, monedas igual a boleto, boleto igual a paquetería gratuita, objetos en la paquetería igual a acceso a ese anhelado lugar.

Un pequeño stand abarrotado de personas se percibe de inmediato. La información es lo que las personas buscan, pero no sólo eso, también muchos buscan llevarse el “recuerdito” y aquí los separadores sobran.

Calles de alfombra en distintas direcciones aparecen, Santillana, Era, Larousse y muchas otros sellos editoriales buscan la atracción de lectores apasionados hasta su hogar temporal. Folletos son ofrecidos a las manos que tienen sed de conocimiento.

A los lados, largos pasajes con las puertas de par en par muestran otra gran cantidad de pequeños, medianos y grandes ejemplares dispuestos a ser trasladados de mano en mano hasta su poseedor final. Los primeros libros tienen ya las pastas empalmadas, las primeras páginas separadas y las huellas digitales de cientos de dedos en sus esquinas, pero ¿qué se puede hacer?, si es lo que todo libro desea, ser abierto, leído, soñado.

Las escaleras desgastan sus peldaños, otro día y más zapatos desfilan por ahí, y al subir, un nuevo piso lleno de sabiduría aparece al terminar la escalinata. A los lados, algunos los callejones conducen hacia diferentes salas, unos llevan donde libros recién nacidos tienen su presentación al mundo, otros encaminan hacia conferencistas expresando su humilde y extraordinaria opinión sobre diversos temas y más allá otras sendas conducen hacia lugares de descanso y de liberación fisiológica, que nunca pueden faltar.

La palabra “descuento” aparece en repetidas ocasiones, el lugar se llena, pequeños empujones aparecen, esta vez el acoso no es al prójimo, sino a los textos, “quién lo agarra, lo gana”, la competencia se siente, pero se disimula bien. Un libro, la invitación a un viaje privado de nuevas experiencias, todos buscan aquel que es especial para cada uno. El dinero siempre parece ser insuficiente, tantos títulos maravillosos, tantas obras deseadas, pero hay que elegir uno o algunos, los mejores.

Después de varia horas, se recorre todo de nuevo, una y otra vez, y asombrosamente siempre habrá un libro que pasó inadvertido en la pasada ocasión, los públicos se distinguen, los niños se amontonan donde hay más colores, jóvenes por aquí, científicos por allá, intelectuales sostienen libros más pesados, estudiantes por aquí y allá.

Las bolsas de adquisición transitan, caras de satisfacción saben que es la hora de abandonar el lugar, emergen al corazón de México sabiendo que han hecho lo correcto, las sonrisas surcan su rostro, un nuevo misterio obtenido ahora está entre sus manos, listo para ser descubierto, esta vez por alguien más.

1 comentario:

  1. Abigail: el uso del gerundio le quita fuerza al texto. Ten cuidado cuando lo uses. Ve: "Murallas de papel rodeando a decenas de individuos, letras de amor, depresión y esperanza fluyendo entre cada espacio vacío y una exquisita música de fondo confirmo qué lugar era aquel: El palacio de Minería presentando la 32º Feria Internacional del Libro."
    Ahora ve esto: Murallas de papel rodean a decenas de individuos. Fluyen historias de amor, depresión, experanza...
    La música no es exquisita, como tampoco el Palacio de Minería es el "anhelado lugar". Menos es más. Ni adjetivos innecesarios ni gerundios malogrados.

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